Del Ngorongoro al Serengueti
La niebla no nos deja ver la salida de sol sobre el impresionante crater. Partimos por su cresta en dirección norte por la única “carretera” posible para llegar al Serengueti, una pista de tierra envuelta en polvareda con vaivenes incesantes. Un duro y pesado recorrido a no ser por las pinceladas que el paisaje y el lugar nos ofrece en todo su recorrido.
Comenzamos viendo unas familias de jirafas que para comenzar la ruta, no está nada mal. Un ratito más adelante en la región de Ndutu nos detenemos a visitar un poblado masái, otra grata sorpresa de Pedro, bailes, danzas, nos enseñan sus cabañas, su pequeña escuela y nos despedimos para seguir ruta.
Antes de entrar en el Serengueti National Park nos volvemos a encontrar otra familia de jirafas cruzando el camino. Diseminados por todo el recorrido encontramos cientos de ñus y cebras que migran hacia el norte, son ya los últimos de los casi 4 millones que cada año van y vienen.
La siguiente parada es otra sorpresa, aunque ya es habitual en estos viajes: un poco de chorizo y vino de Rioja en un area de descanso.
Y seguimos ruta encontrándonos en el camino con hienas, leonas, cebras y más cebras, ñus y más ñus, una familia de elefantes, polvo y más polvo hasta llegar al hotel en el centro del Serengeti, animado recibimiento con música y bailes, a comer y de nuevo al safari. Esto es un sin vivir.
Salir de safari es siempre una aventura al azar. Nada está escrito en la naturaleza. Pudiera ser que regreses sin ver un solo animal y además te deslomes con los vaivenes del jeep; pudiera ser que la naturaleza salvaje se muestre tal cual y disfrutes de sus irrepetibles momentos.
Ya solo los paisajes del Serengueti estimulan los sentidos. Esta vez encontramos unas leonas subidas a una acacia, lo cual ya es una imagen impresionante, más tarde un león macho, también subido en una acacia totalmente relajado y expectante. Y para acabar la tarde otra imagen impactante: un guepardo comiéndose una presa, minutos antes, uno de nuestros jeep presenció como la cazaba.
No podíamos pedir más.
Tras la cena, otra sorpresa, mañana a las 4:30 de la madrugada, tenemos que estar montados en los jeeps. Veremos a ver qué pasa.









Comentarios
Publicar un comentario